Me acostumbré a conducir por la derecha. Me acostumbré a la lluvia de cualquier intensidad. Me estoy acostumbrando a conducir por carretera 2 horitas como si nada. Y ahora me voy a tener que acostubrar a conducir con hielo y nieve.
Y no mola nada.

Me acostumbré a conducir por la derecha. Me acostumbré a la lluvia de cualquier intensidad. Me estoy acostumbrando a conducir por carretera 2 horitas como si nada. Y ahora me voy a tener que acostubrar a conducir con hielo y nieve.
Y no mola nada.

El puñetero balance de fin de año esta vez me sale a devolver. Un año de cambios no buscados (por dentro y por fuera) me deja una sensación de estar en el sitio equivocado. Un cuerpo que pide cambio y una cabeza que no se siente capaz. Una sensación de estar en un tiempo de descuento que se hace demasiado duro sin un camino claro que seguir. Y aquí sigo, en el mismo sitio que hace un año, con todo igual pero todo distinto, por falta de fuerzas siquiera para una huída hacia adelante.
No es un buen sabor de boca para acabar un año, ni una buena manera de afrontar el comienzo de otro. Un año entero, con sus 12 meses y sus 365 días, que se hace una montaña inescalable cuando parece que se tienen las fuerzas y las neuronas justas para pasar el día.

Presentación en sociedad de los hermanos Llabrés Tomás. En la foto Luisete nos presenta sonriente a su hermano Tono.
Y yo el viernes me voy corriendo a hacerles cosquillas en los pies.


“En España está la cosa fatal” es el comentario generalizado entre los españoles-plymouthianos. Si es que Zapatero bla bla bla. La construcción bla bla bla.
Aquí en cambio, estamos que nos salimos:
100% rise in unemployment figures
Y eso sin contar los 450 que se van a la calle de mi empresa el mes que viene.
Moraleja: no se puede leer sólo las noticias de España para informarse. Estamos aquí pero nos enteramos sólo de lo que pasa allí.

Inglaterra huele a humedad. Previsible, pero no deja de ser cierto. Huele a humedad y a rancio. En las casas, en la calle, en las tiendas.
Es llegar a Inglaterra y se nota, huele diferente. Bueno, se nota una vez sales del aeropuerto de Bristol, porque el aeropuerto de Bristol huele a lo que sea que les ponen a los bocadillos del Subway.
Otro olor característico de Inglaterra es el olor a pub. Esa mezcla de moqueta, cerveza sobrefermentada y madera que se percibe sólo con pasar por la puerta y que es igual en todos ellos. Los bares ingleses/irlandeses de España han conseguido una estética idéntica pero no huelen a pub.
Y si, al llegar a España también se nota un olor distinto. España huele a sol.

Acabo de cruzarme con una tia vestida de la siguiente guisa: manoplas, bufanda, sin chaqueta y con chanclas.
Unos dias de sol y los ingleses acaban por descentrarse del todo.

Parece que si, que se pueden seguir haciendo cosas después de los 30. Que no es el final de nada. No se porqué nos pasamos media vida pensando lo que tenemos que hacer antes de los 30. ¿Y que pasa después? Ya no hay nada más que hacer. Pues vaya rollo.
30 años, cifra redondita y molona muy dada a crisis, planteamientos de vida y cambios. Pero a mí me ha pillado liada. En el último mes siento como si hubiera envejecido 10 años pero nada tiene que ver con la fecha de mi cumpleaños. Demasiadas variables, parámetros y opciones se pasean por mi cabeza como para preocuparme de los años que tengo.

Después de 2 años, 1 mes y 6 días en Inglaterra (con su invierno más frío en 30 años y sus veranos más asquerosos en 20), tengo una kettle en la cocina, 9ºC me parece una temperatura agradable y empiezo a aficionarme al té.
Dios mío, qué será lo próximo!

Desde que el inconsciente del hombre del tiempo tuvo la genial idea de anunciar que iba a nevar en Plymouth la gente se volvío loca. No pasaban más de 5 minutos sin que alguien protestara. Que si donde está la nieve, que si yo he visto en la tele que en Exeter esta todo nevado. Todo el mundo indignado porque nevaba en todas partes menos en Plymouth. Les faltó echarle la culpa a Gordon Brown que todos sabemos que la tiene y que, además, mato a Manolete y bien calladito se lo tiene.
Así trancurrió el lunes y al salir del trabajo nos tuvimos que conformar con algun copito del tamaño de la uña del pie de una pulga. Pero oye, qué preciosidad.
El martes por la mañana me armo con espatula y spray y descubro que no es hielo, es nieve y mola mucho más porque casi no hace falta rascar. Será que ha nevado esta noche, ya se quedarán tranquilos. Que optimismo! Al llegar al trabajo nadie habla de otra cosa, que si en mi casa ha nevado, que si en la mía no. Y dale, y sigue, y vuelve…
Y entre protesta y discusión empieza a nevar. Y durante 5 minutos que dura (que no dura más) todo el mundo se mueve nervioso, se asoma, hacen fotos, llaman por telefono! Esta nevandooooo, esta nevandoooo. Y TODO el mundo me pregunta si había visto nevar alguna vez. Pues yo si, pero vosotros, por lo que parece no.
Al primero le explico que en España también nieva aunque ellos crean que no hay nada más allá de Málaga. Al segundo le digo que sí. Al decimo noveno le digo en un tono ligeramente más alto (para que se enteraran los máximos posibles y ahorrarme un par de explicaciones) que si se creen que vengo de Senegal o que no he salido de mi casa en 29 años.

Qué bonito llegar a Bristol con 45 min de retraso y -3º. Qué bonito recoger el coche alquilado, llenarlo de maletas, quitarle el hielo y quedarnos con la maneta de una puerta en la mano. Qué bonito perseguir al hombre de la empresa de alquiler por el parking, pelearse para que nos den otro coche, saca maletas, mete maletas, quita hielo…
Qué bonito volver a levantarse a las 6 y media, a quitarle el hielo al coche, a pelearse por aparcar y por encontrar una licencia. Pero lo más bonito de todo es trabajar todo el día con el abrigo puesto y los deditos helados porque alguien tuvo la genial idea de desconectar el aire acondicionado/calefacción para que la gente dejara de pelearse por encenderlo o apagarlo. Ahora ya no nos peleamos porque bastante tenemos con sonarnos los mocos y concentrarnos en no perder ningun miembro.