El puñetero balance de fin de año esta vez me sale a devolver. Un año de cambios no buscados (por dentro y por fuera) me deja una sensación de estar en el sitio equivocado. Un cuerpo que pide cambio y una cabeza que no se siente capaz. Una sensación de estar en un tiempo de descuento que se hace demasiado duro sin un camino claro que seguir. Y aquí sigo, en el mismo sitio que hace un año, con todo igual pero todo distinto, por falta de fuerzas siquiera para una huída hacia adelante.
No es un buen sabor de boca para acabar un año, ni una buena manera de afrontar el comienzo de otro. Un año entero, con sus 12 meses y sus 365 días, que se hace una montaña inescalable cuando parece que se tienen las fuerzas y las neuronas justas para pasar el día.






